Ser mujer
Cada año, cuando llega el Día de la Mujer, se multiplican los mensajes, los eslóganes y las reivindicaciones. Sin embargo, para mí ser mujer nunca ha sido una consigna, ni una lucha contra nadie.
Ser mujer es algo mucho más íntimo y profundo: una forma de estar en el mundo.
A lo largo de mi vida, y especialmente en estos últimos veinticinco años trabajando en Clínica Alcolea, he tenido la oportunidad de observar a muchas mujeres. Mujeres de diferentes edades, historias y circunstancias. Y si algo he aprendido de ellas es que, más allá de las diferencias, hay valores que se repiten y que parecen formar parte de nuestra esencia.
Si tuviera que resumir qué significa ser mujer en tres palabras, diría: amor, serenidad e inteligencia.
A lo largo de los años también he tenido la suerte de compartir mi camino con otras mujeres extraordinarias, compañeras que cada día contribuyen a crear un espacio de cuidado, confianza y respeto para nuestros pacientes.

El trabajo en equipo y la confianza son parte esencial del cuidado de nuestras pacientes.
El amor como principio
El amor no es solo un sentimiento. Es una forma de relacionarse con el mundo.
Muchas mujeres tienen una capacidad natural para cuidar, sostener y acompañar. Lo vemos en las madres, en las hijas, en las amigas, en las profesionales que trabajan con personas. Ese amor se manifiesta en los pequeños gestos cotidianos, en la preocupación por los demás, en la capacidad de escuchar.
Pero con el tiempo he comprendido algo que considero esencial: no podemos dar amor si antes no nos lo damos a nosotras mismas.
Cuidarse no es un acto de vanidad ni de egoísmo. Es, en realidad, un acto de respeto hacia una misma y hacia los demás. Cuando una mujer se cuida, cuando protege su salud, su equilibrio emocional y su bienestar, está cultivando algo que después puede ofrecer a quienes la rodean.
Por eso, muchas veces hablo con nuestras pacientes de esta idea: querernos a nosotras mismas es el primer paso para poder querer bien a los demás.
La serenidad de observar antes de hablar
Soy una persona que prefiere observar antes de hablar.
Analizar, escuchar, comprender lo que ocurre alrededor. Esa forma de mirar la vida me ha ayudado en muchos momentos, especialmente en situaciones difíciles o desagradables. La observación aporta información, y la información permite actuar con mayor serenidad.
Con los años he descubierto que la serenidad no es pasividad, sino todo lo contrario: es una forma de inteligencia.
Cuando uno trabaja con la salud de las personas, este valor se vuelve fundamental. Escuchar, analizar, comprender y acompañar requiere equilibrio interior. Y ese equilibrio muchas veces nace de la capacidad de observar sin precipitarse.
La confianza que crea vínculos verdaderos
Una de las mayores lecciones que me han dado las mujeres que pasan por nuestra clínica es la confianza.
Muchas de ellas llevan más de dos décadas con nosotros. Algunas comenzaron a visitarnos cuando yo empezaba a trabajar en la clínica y, con el paso de los años, se han convertido en algo más que pacientes habituales.
Han confiado en nosotros para guiar su salud, su bienestar y también su forma de cuidarse. Esa confianza, cuando se mantiene a lo largo del tiempo, genera algo muy valioso: lazos auténticos.
He tenido la emoción de ver cómo muchas de esas mujeres también han estado presentes en otra parte importante de mi vida: la música. Algunas de ellas asisten a los conciertos que realizo, acompañándome en esa dimensión artística que forma parte de quien soy.
Cuando ocurre algo así, uno comprende que la relación médico-paciente puede trascender lo puramente profesional. Se convierte en un vínculo basado en amor, respeto y autenticidad, lejos de lo superficial o lo banal.

La confianza entre las pacientes y el equipo de la clínica crea vínculos auténticos que perduran en el tiempo.
La belleza que nace del interior
Vivimos en una época en la que la belleza se asocia casi exclusivamente a la apariencia externa. Pero con los años he llegado a una convicción profunda: la verdadera belleza nace del interior.
La belleza exterior puede mejorarse, y la medicina estética bien ejercida puede ayudar a que una persona se vea mejor y se sienta más segura. Pero la belleza que realmente permanece es la que procede del equilibrio interior.
Una persona que está en paz consigo misma transmite algo que va más allá de la mirada. Esa serenidad, esa coherencia entre lo que uno es y lo que proyecta, se percibe incluso antes de hablar.
Por eso creo que la belleza auténtica no es una máscara, sino una consecuencia natural de un estado interior cuidado y armonioso.
Los referentes que nos enseñan el camino
Todas las mujeres necesitamos referentes.
En mi caso, esos referentes han sido dos mujeres muy importantes en mi vida: mi madre y mi tía.
Dos mujeres incondicionales.
Esa palabra resume todo lo que representan para mí. Su manera de estar, su apoyo constante, su capacidad de amar sin condiciones. Ellas han sido un ejemplo silencioso de lo que significa la fortaleza femenina: una fortaleza que no necesita imponerse ni hacer ruido.
Simplemente está ahí.
Ser mujer hoy
Ser mujer hoy no debería ser una etiqueta ni una batalla permanente. Debería ser, simplemente, una forma consciente de vivir con amor, inteligencia y serenidad.
Las mujeres tenemos la capacidad de crear, cuidar, sostener y también transformar. Pero quizá lo más valioso es nuestra capacidad para construir vínculos verdaderos.
Después de tantos años trabajando junto a mujeres extraordinarias —pacientes, amigas, compañeras— sigo pensando que ser mujer es, ante todo, una manera de aportar humanidad al mundo.
Y en esa humanidad caben muchas cosas: la ciencia, el cuidado de la salud, la cultura, la música, la familia y la amistad.
Porque, en el fondo, ser mujer es aprender cada día a vivir con armonía entre lo que somos y lo que damos a los demás.

Sobre mí
Alejandra Svensson
Soy instrumentadora quirúrgica y responsable de comunicación, imagen y gestión en Clínica Alcolea. Desde hace más de veinticinco años acompaño a nuestras pacientes en su camino hacia la salud, el bienestar y el cuidado de la piel.
La música es también una parte esencial de mi vida: como cantante lírica encuentro en el arte otra forma de expresar aquello que siempre he buscado unir en mi trayectoria personal y profesional: ciencia, sensibilidad y humanidad.
Clínica Alcolea · Barcelona



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